VARAN'TI

RASGOS GENERALES

Los dutharin siempre afirman que la Madre Tierra es quien les bendice con la Forma de Guerra. Su pelaje, sus colmillos y su metabolismo superior son señales del favor de su dios. Sin embargo, existen cachorros que no completan en proceso de cambio, o que lo completan demasiado bien.

 

Estos últimos son los hurgash (una palabra que significa “maldito” en lengua dutharin): seres tan potenciados por sus dones que han perdido cualquier atisbo de cordura (desde un punto de vista humano). Los hurgash no son más que bestias, pero, ¿y los que se quedan atrás? ¿Aquellos que nunca ven crecer sus colmillos o sus garras? Aquellos que nacieron de la Madre Tierra pero fueron rechazados por ella son los varan´ti, los “no deseados”, o “despreciados”.

DESCRIPCIÓN

Un varan´ti nunca será tan temible en el cuerpo a cuerpo como un dutharin totalmente desarrollado, pero cuentan sus propias ventajas. Son ágiles y tienen unos reflejos superiores a sus primos, lo cual los convierte en mejores en el sigilo y la emboscada. Los Yermos Salvajes están llenos de huesos resecos de dutharin que cayeron en una trampa de sus parientes.

Un varan´ti parece un encuentro a medio camino entre un humano y un dutharin. Uno que no se ha quedado con la mejor parte de ninguna de sus dos mitades. Suelen tener la piel pálida y unos ojos que los delatan como bestias, al igual que orejas puntiagudas, aunque lampiñas. Sus dientes son afilados, lo suficiente para que su sonrisa asuste, pero sin colmillos que emplear como arma. Sus cuerpos suelen carecer por completo de pelaje y muchos tienen los cráneos lisos, sin un solo cabello. Nada de lo que los hace inhumanos les da ventaja en batalla, sólo recuerda a todo el mundo que son dutharin, aunque estén desterrados.

Aunque su imagen pueda resultar inquietante o desagradable, es más familiar que la de un

dutharin. Hay muchas canciones de amores trágicos entre humanos y varan´ti, e incluso (dicen) la legendaria Jana tomó como amante a uno de esta estirpe. Los varan´ti llegan tan lejos como a afirmar que Gkole el Conquistador, el general orgon, era uno de los suyos. Esto puede que no sea más que un bulo, pero sí es cierto que existen registros que afirman que Gkole tenía “colmillos agudos como dagas” y “los ojos nefandos de una víbora”.

 

SER UN DESPRECIADO

 

Antaño los varan´ti sólo nacían entre las tribus dutharin. Cuando el cachorro no lograba desarrollarse hasta su Forma de Guerra, los druidas le daban de lado. Las familias más amables y abiertas exiliaban a estos “despreciados”, mientras que las más extremistas los asesinaban o incluso los devoraban en un sacrificio ritual (la tribu Varok y otras de ideas similares siguen llevando a cabo esta tradición).

Actualmente siguen naciendo cachorros que acaban despreciados por las tribus, pero esos varan´ti no son los únicos. En los márgenes de la civilización y lo salvaje, generaciones de estos desdichados fueron formando tribus y comunidades, y fueron creando su propio pueblo aparte de los dutharin. Los cachorros varan´ti nunca sufrieron el rechazo de la Forma de Guerra, y pronto aprendieron a sobrevivir empleando sus propios talentos.

Ahora, los clanes de varan´ti no distinguen entre nacidos o exiliados. Se adaptan mejor que los dutharin a la civilización, y muchos han encontrado la forma de integrarse, aunque sea entre la “chusma”, que dirían los nobles. Los hay que saltean los caminos, poco mejores que animales, pero también los hay que los recorren  en paz: aprovechan su destreza superior para los trucos de feria, las acrobacias y las danzas, y muchos de ellos han encontrado la felicidad en los circos, los espectáculos de marionetas y otros entretenimientos itinerantes. De hecho, la Compañía de la Sonrisa Aviesa, la más popular de Gholindia, aclamada incluso por los nobles más estirados, está formada casi por completo de varan´ti.

Los varan´ti nunca encontrarán honor en la caballería ni en el Templo de Tagnar; puede que nunca destaquen en la Real Orden Arcana; sin duda son poco más que cobardes atrofiados para los dutharin, su propio pueblo. Pero, cuando se alza el telón, los niños ríen, las mujeres hermosas los miran con ojos brillantes y las personas ilustres aplauden. Y los varan´ti dejan de sentirse despreciados.

Colaboran:
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Mecenas Tercera edición:

Paco Moreno

Carlos Rodriguez

Diego Pastor

Eva Aelfeth

Miguel Martínez

Daniel Blanco

Yolanda Rodrigo

Sergio Rodil

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