ANTE LA ADVERSIDAD, CORAJE

Un relato de Javier Aroca

Los rumores corrían rápido por la ciudad, los De Bray se había vuelto a alzar con el poder y algunos pensaban que aquello sería el principio del fin de Eresand, aunque otros confiaban en el joven hombre que portaba el apellido de la familia creadora de Eresand.

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-¿Habéis oído lo que dicen del Lord Shea, mi señora? - comentaba una joven aldeana que limpiaba algunos ropajes sobre una piedra junto al río -.

 

-Leonora, ¿Cuantas veces te he dicho que no confíes en todos esos rumores que oyes por ahí? - respondió una mujer algo mayor que tendía la ropa tras escurrirla -.

 

-Muchas, Elianne, pero es que yo creo que este rumor es cierto, dicen que se pasa las horas en los salones del castillo de los De Bray, mirando el vacío, con una copa de vino en la mano, con la mirada perdida, dicen que apenas habla con nadie y que tampoco come - dijo Leonora bajando la voz pero sin poder ocultar cierta emoción -.

 

-¡Bah! Habladurías, no deberíamos hablar de las cosas que no nos atañen, Leonora, o te meterás en problemas y tu madre no está para esos apechuchos - recriminó Elianne -.

 

-¿Y qué más dicen de Lord Shea, Leonora? - preguntó otra joven que estaba algo más alejada -.

 

-Pues que se lleva a doncellas a sus aposentos y que tras yacer con ellas, las despacha sin apenas mediar palabra, que tiene el ánimo irritable y que parece frustrado, algunas dicen que es porque está maldito ¿Tú que piensas Marian? -.

 

-¿Maldito? ¡Qué tonterías os inventais las jóvenes con tiempo libre! Anda, frota bien esos paños que no quede nada de suciedad o te la vas a cargar - interrumpió Elianne -.

 

-Siiii, Elianne… - Leonora continuó frotando mientras cuchicheaba - dicen que Tagnar lo maldijo, aunque otros creen que fue Eldrick el Loco, que lo condenó a encontrar el amor verdadero en una joven doncella o si no vagaría por el mundo para siempre -.

 

-¡BASTA! - gritó Elianne - ¡Estoy cansada de oír tonterías, a trabajar en silencio! - dijo mientras se alejaba con una cesta cargada de paños limpios -.

 

La mujer se alejó de las dos jóvenes con paso firme en dirección alejándose del río.

 

-Pobre Elianne, para ella es casi como un hijo, lo cuidó cuando casi todos los demás querían que ahorcaran a la mitad de su familia y a él incluido tras la sentencia de exilio de Lord Ulliosh - dijo suspirando Marian - debe ser duro oír lo que dicen de él por ahí -.

 

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Elianne caminó sobre sus pasos en dirección a la residencia de los De Bray, portaba una cesta con los paños limpios. Por el camino se iba cruzando con algunas gentes de la ciudad con las que compartía breves conversaciones y saludos.

 

Pronto llegó al patio que había justo delante del castillo, tras cruzar la puerta de la muralla del mismo. Allí se arremolinaban la gente en sus quehaceres diarios. Las doncellas, los cuidadores de los caballos, los escribas, los mensajeros. 

 

Elianne no pudo evitar sonreír al ver aquello, llevaba toda su vida al servicio de los De Bray, por ese motivo se había llevado alguna vez alguna mirada de desprecio o algún insulto, sobre todo en los últimos años de Lord Ulliosh. Sin embargo, el joven Shea, a quien había cuidado desde su más tierna infancia, ahora había vuelto a casa, con la esperanza de hacer las cosas bien. El castillo volvía a usarse y tener vida, los estandartes de los De Bray ondeaban en las murallas.

 

-Lo siento, mi señor, pero los señores de Baetonia dicen que no piensan tratar con un noblucho menor - decía un mensajero a Lord Shea en la entrada del castillo, mientras bajaba el rostro temiendo la respuesta del noble -.

 

Shea suspiró mientras miraba al suelo.

 

-No pasa nada, Yulen, márchate, ya irá mejor la próxima vez, gracias por el viaje y tu trabajo - le dijo mientras le ponía la mano en el hombro al joven mensajero, que levantó el rostro mirando al noble sorprendido -.

 

El joven mensajero se marchó cruzándose con Elianne, que observaba la escena mientras se encaminaba al interior del castillo. En un instante, su mirada se cruzó con la del noble. Era él, su mirada inquieta de siempre, sin embargo, ahora parecía carente de vida, como si el brillo de sus ojos ya no estuviese.

 

Lord Shea se giró y se perdió entre los pasillos del castillo. Elianne suspiró preocupada.

 

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-Madre, ayúdanos en este momento de oscuridad, guía al joven Shea en el sendero oscuro en el que se está embarcando, te lo ruego, Melkaya, envíanos tu ayuda redentora e ilumina a Shea con tu luz - musitaba Elianne que se encontraba arrodillada frente a una representación de Melkaya, en la Abadía de Eresand -.

 

Las lágrimas comenzaron a brotar lentamente de los ojos de Elianne mientras continuaba su ruego.

 

-Es un buen chico, te lo juro, es como un hijo para mí, pero…. pero … está perdido, guíalo por el sendero, por favor … envíanos ayuda… - susurró rompiendo a llorar al final de la oración -.

 

Una cálida mano se posó el hombro de Elianne y preguntó con voz gentil.

 

-¿Os encontráis bien, Elianne? - le preguntó Dairina a la mujer -.

 

En ese momento y dejando perpleja a la joven sacerdotisa, Elianne la abrazó, llorando.

 

-¡Gracias, mi señora, gracias por oír mis plegarias! -.

 

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Aquella noche había bastante gente en la taberna, las conversaciones cruzadas en el ambiente trataban de diferentes temas acaecidos en la pequeña ciudad. Sin embargo, la subida al poder del vástago de los De Bray era el principal tema de conversación de la abarrotada taberna...

 

-¡Pues yo te digo que este chico tiene buena pinta! - decía un anciano mientras apretaba el puño agitándolo en el aire - Es un veterano de la guerra de Arkon, nos protegió a todos de esos maleantes y rateros de Arkon -.

-Ya te digo yo, que es otro De Bray, cogerá nuestro dinero y se lo gastará en el primer burdel que encuentre o peor aún, ¡casi matará a una de las sacerdotisas de Melkaya que tanto bien hacen! - respondió otro hombre algo más joven desde el otro extremo de la taberna levantándose alterado -.

-Venga… venga, chicos vamos no hace falta alterarse, confiemos en los cinco, seguro que cuidan de nosotros como han hecho siempre - dijo Thobias el tabernero, intentando aplacar los ánimos -.

-Ya saltó el beatucho este - dijo el anciano que había hablado en primer lugar - pon otra ronda Thobias que tengo el gaznate seco de tratar con este negado-.

-¿Negado yo? Yo solo te digo uno cosa - dijo el hombre alzando la voz mientras la taberna se quedaba totalmente en silencio - Los De Bray son una lacra para Gholindia y para Aher, se merecen que los cuelguen a todos antes de que nos maten a todos, ¡malditos rateros, follagallinas y malnacidos! - sentenció Kerlon, girando su cabeza a la entrada y observando la figura que acababa de entrar por la puerta de la taberna y que había oído su discurso aténtamente -.

 

Shea de Bray estaba en la puerta y comenzó a avanzar lentamente por la taberna, ante los ojos atónitos del hombre, el cual se encogió esperando que le cortaran la cabeza o algo peor. Los pasos del noble se acercaron lentamente, la tensión se podía notar en el ambiente, entonces los pasos continuaron hasta la barra de la taberna.

 

-Una pinta, Thobias, por favor. - dijo Shea mientras ponía una moneda sobre la barra de madera desvencijada - ¿Cómo está tu mujer? ¿Se curó de lo suyo? -.

 

Todos en la taberna se quedaron en silencio durante unos largos segundos, pero poco a poco el ambiente se relajó y todo volvieron a sus conversaciones más mundanas, mientras Kerlon estaba de pié mirando al joven noble en la barra, sintiéndose entre afortunado y estúpido.

 

-Si, está mejor, gracias Shea. ¿Y tus padres, sabes algo de ellos? ¿Siguen por Merchadia? - preguntó Thobias al bardo -.

 

Shea encogió sus hombros como respuesta.

 

-Supongo, ¿importa de verdad? -.

 

-Supongo que no - dijo Thobias - toma, tus preferidos de cuando eras un pequeño travieso, invita la casa, me ha costado un poco encontrarlos, cada vez crecen menos a las afueras del Bosque de Shinnlac -.

 

El tabernero deslizó un plato de frutos del bosque hacia donde estaba Shea, que le respondió con una leve sonrisa.

 

-Gracias, Thobias - mientras cogía algunos frutos y se los comía.

 

-Dis… disculpadme, mi señor, de verdad no opino eso de vos, mi señor - sonó apenas un lamento sollozante cerca del hombre -.

 

Kerlon estaba arrodillado junto a Shea, rogándole su perdón.

 

-Levántate, Kerlon. - dijo Shea mientras él se retiraba de la barra y se ponía frente al hombre - te diré lo que un día me dijo mi abuelo, Lord Ulliosh, cuando comencé a quejarme de porqué el mundo era tan injusto -.

 

El hombre se levantó temeroso, conociendo la fama violenta de Lord Ulliosh, temiendo que lo matase en el acto. Tembloroso se incorporó casi sin mirar a los ojos al noble. Shea tomó su rostro entre las manos y mirándolo a los ojos directamente.

 

-Mi abuelo me dijo…  Ante la adversidad, Coraje, eres un De Bray te pese lo que te pese…actúa como tal - Shea lo miraba intensamente a los ojos - tu no eres un De Bray, pero puedes cambiar el mundo como cualquier otra persona… Ante la adversidad, Coraje…

Shea soltó el rostro de Kerlon y este se desplomó en el suelo, llorando, superado por la tensión del momento, pues de ser otro noble, yacería muerto en el suelo sobre su propia sangre. El noble se encaminó hacia el centro de la taberna y tomando su espada, la clavó en el suelo y mirando a su alrededor, alzó la voz.

 

-Mi nombre es Shea De Bray, todos me conocéis, algunos desde que era muy pequeño, muchos trabajasteis en la casa de mi abuelo y de mis padres. Algunos decís que estoy tan loco como mi abuelo, otros que estoy maldito y otros que simplemente soy un idiota por volver aquí e intentar gobernar… Yo… yo - Shea dudó durante unos segundos si continuar o no -.

 

- … he sangrado, he matado, he perdido por defender esta tierra, por Gholindia, no necesito que nadie me lo agradezca, no necesito vítores, ni siquiera adulaciones. No quiero castillos de oro, vino, ni mujeres que agradezcan lo que he dado por esta tierra… sólo necesito un pueblo firme, que no olvide su pasado, pero que piense en su futuro… se acercan tiempos duros, y aunque queramos olvidarlo, la guerra pronto llamará a nuestras puertas y… ¿Qué será lo que encuentre el enemigo? ¿Quejas? ¿Lloros? ¡No! Encontrará un pueblo fuerte, un pueblo orgulloso, que estará dispuesto a derramar hasta la última gota de sangre por defender su tierra, ¡No, por honor! ¡No, por riquezas! ¡No, por deber! ¡Lo haremos porque somos eresandianos y está en nuestra maldita sangre! ¡Porque durante años y a pesar de los errores, nuestros gobernantes, nuestros demonios, hemos permanecido unidos! -.

 

-No soy nadie para pediros que confiéis a ciegas en mi, no os lo pido como un De Bray, sino como uno de vosotros, porque cuando el infierno se acerque y veamos a Tagnar sonreírnos al acercarse nuestra hora, quiero saber que tengo a mis hermanos junto a mí -.

 

Shea tiró de la espada y la alzó al aire, mientras gritaba al aire y la gente poco a poco le seguían con pasión.

 

-¡Muerte o gloria! ¡Por Eresand! ¡Ante la adversidad… -.

-¡CORAJE! - gritó las gentes de la taberna al unísono, como si de una sola voz, un sólo golpe se tratase, como si de una nación, un sentimiento.

 

Como Eresand.

Colaboran:
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Mecenas Tercera edición:

Paco Moreno

Carlos Rodriguez

Diego Pastor

Eva Aelfeth

Miguel Martínez

Daniel Blanco

Yolanda Rodrigo

Sergio Rodil

Abraham Arana

Lola Villaverde

Javier Aroca

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