LA BATALLA DE MESTONE

Un relato de Miguel Martínez Muñoz

-Preludios I (3 días antes de la batalla):

Hace ya meses que tengo claro lo absurdo de esta guerra, intento rememorar en mi interior las historias que me contaba mi madre sobre sus múltiples batallas y peripecias en todos los conflictos bélicos en los que participó. En cómo desde muy pequeño consiguió inculcarme un deseo y un respeto a todo lo relacionado con lo militar, a la lucha, al honor, todo en detrimento de la cultura mágica de mi padre. Pero hoy no puedo nada mas que asquearme de todo lo que me rodea. 

 

Llevamos meses apalancados en esta agreste zona de la frontera, cerca de la ciudad Gholindiata de Mestone. Los suministros que deberían venir con regularidad desde Linos y Vescovir siempre están interrumpidos o interceptados por grupos pequeños de mercenarios contratados por Gholindia. La moral decae cuanto menos por la falta de alimento diario, pero sobre todo, por el hastío. Es insufrible, batalla tras batalla, pero sin avanzar. Hace dos meses que deberíamos estar asediando Mestone, pero no llega la orden. solo pequeñas escaramuzas, para ver como mis compañeros van cayendo poco a poco.

 

No creo que en el otro bando las cosas sean diferentes, estoy seguro que para su orgullo, les gustaría llevarnos más atrás de las colinas que están a media jornada de nuestras espaldas, ya en territorio arkónida. También nosotros realizamos algunas escaramuzas para amedrentarlos, pero lo veo irrelevante.

 

Y además crece la leyenda oscura sobre "El Monstruo", ese cerdo acabó ayer con una pequeña incursión que realizamos cerca de la costa en territorio de Eonia, se mueve rápido el hijo de perra. Me cuesta creerlo, pero su sello lo ha dejado, los hombres destripados a caso hecho, sus caras deformadas por múltiples golpes, y en la lejanía un hombre cubriéndose la cara con la sangre de sus víctimas, con los ojos desorbitados en un estado de frenesí que solo puede venir de los mismísimos infiernos. Es un gran problema que hay que atajar. No hay duda de nuestra superioridad en combate, solo igualada por la numérica. Pero nuestros soldados no paran de murmurar, están temerosos, reduce su coraje, amedrentados porque "El Monstruo" les aparezca en cualquier momento. estoy seguro de que es humano, y algo me dice que no es fruto de la magia, no, es un cabrón que sabe lo que se hace, lucha sin honor, no de cara, amedrentar al enemigo con bulas, espejismos y mierdas de esas, pero hay que reconocerle que está consiguiendo su objetivo.

 

Nos han mandado llamar a todos los oficiales a la tienda del General , el viejo Cártidas, gran luchador en otros tiempos, pero en un declive absoluto, ya no solo físicamente, sino también mental. Al abuelo Mertense, dicen, lo han visto incluso balbucear y quedarse mirando a la nada durante horas. Pero nadie se atreve a evidenciar su ocaso, lo sujetan esos malditos mercachifles y nobles de la facción de La Serpiente, anclados en el costumbrismo y que Zephyros nos provee. Pero hay una evidente deriva de nuestro reino, Gholindia nos supera en riqueza, modernizando su ejército, sus ciudades, y mejoras para la ciudadanía, y nosotros seguimos anclados, sin savia nueva, sin mirar al futuro, nuestro sustento, el honor, jajajajajaja, somos la mayoría piratas y corsarios.

 

El viejo, nos ha sorprendido esta vez, quiere atacar Mestone, en tres días, él tampoco aguanta más, bueno, quizás no me sorprenda tanto, ayer cayó en una emboscada su sobrino, una muerte absurda, no estaba asignada ninguna salida para esa mañana, pero el muchacho insistió en salir con un par de hombres, acercarse a un bosquecillo a varias leguas de nuestro campamento base, en busca de alguna pieza de caza para reforzar el desayuno. Fué lamentable, no tuvo una muerte honorable, se recrearon con él, murió lentamente y despedazado. Ya no sé si los gholindiatas lo hacen por odio o por aburrimiento. Compadezco al primer enemigo que caiga prisionero en nuestras manos.

 

Las órdenes están dadas, debo realizar una batida el dia de antes con la caballería al sur de Mestone, para atraer al máximo de enemigos hacia allí, el ataque se producirá por el norte, sin miramientos, con todo lo disponible. Hay que acabar con esta situación. Los magos entraran en el meollo, han sabido de movimientos de los magos enemigos por la zona, no quieren riesgos.

 

Tendré que cabalgar durante toda la jornada para volver a mi punto de partida y replegar mis hombres ya de cara a la batalla final y poder intervenir por un flanco, la zona es montañosa, así que atacaremos con infantería. Por fin mis hombres, el 3er Regimiento de Infantería de Dorenia "Los Draghi neri" entraremos en acción como Zephyros manda.

 

-Preludios II (1 día antes de la batalla):

 

La mañana se ha levantado fría, todo el terreno está escarchado, blanquecino, no es el mejor momento para cabalgar, pero las órdenes están dadas y ya no hay marcha atrás. Nuestra misión es crucial para el devenir de la batalla de mañana. Los jinetes están algo nerviosos, sabemos lo que nos jugamos. Es necesario que el enemigo se trague totalmente la estratagema, si queremos que todo vaya medio bien en el movimiento definitivo. Empiezan a diluirse las últimas sombras de la noche, montamos y comenzamos lentamente la marcha.

 

Llevamos un medio trote hasta llegar a un pequeño valle por donde surca un riachuelo, franqueable para el salto de un niño, está lleno de cañizales que dificultan la marcha, buscamos un pequeño vado y franqueamos, todavía no estamos a la vista de las torres vigía de la ciudad, pero mi instinto me dice que ya saben que hay movimiento. Nos están buscando, calibrando nuestro número, viendo la mejor forma de sacarnos ventaja tanto en número como el terreno a elegir, bien, eso es lo que queremos, y que se muevan, y que vengan a por nosotros. Nuestros caballos no son los que usualmente utilizamos en la caballería arkónida, caballos de guerra, resistentes, listos para la batalla, pero algo lentos, no, estos están preparados para la argucia de hoy, son caballos de los Yermos, traídos hace décadas para entrenarlos, para prepararlos, para asimilar nuestra forma de combatir, pero también para adiestrarlos en batallas de escaramuza, más ligeros, ágiles y tremendamente rápidos. Y hoy es el día preciso para su estreno.

 

Escucho gritos en retaguardia, gritos de alerta, llueven flechas, es la señal, sus arqueros de la infantería ligera muestran sus dientes. Perfecto quieren lanzarnos hacia las fauces del lobo, las órdenes son claras, no nos enfrentamos, huimos, precipitamos la carrera hacia la ciudad, veo los muros en la lejanía, suenan trompetas y campanas de alarma. La suerte está echada. Bordeamos la ciudad para dejarnos ver lo máximo posible, y por fin se abren sus puertas, la caballería Gholindiata surge a la carrera buscando su presa. Giramos hacia el sur, hay que alejarlos de la ciudad, todo lo que se pueda. Volvemos a recibir descargas de los arqueros y alguna ballesta, estas últimas si hacen más mella en mis combatientes y algunos caen abatidos. la adrenalina se dispara, giramos hacia el este y nos precipitamos contra los arqueros, es un movimiento algo loco pero más se sorprenden por ver como nos abalanzamos hacia ellos con armas de fuego en ristre, y descargamos la pólvora.

En circunstancias normales, entramos en batalla para acarrear el mayor número de víctimas, pero no es el objetivo y seguimos cabalgando. Se nota que nuestras cabalgaduras son más ágiles, los Gholindiatas no reducen nuestra ventaja en la distancia, nos da un respiro el salir del alcance de los arqueros, que intentan replegarse y organizarse de nuevo.

 

Reducimos la marcha, tenemos que dejar que piensen que nos pueden alcanzar, y así es, vuelvo a verlos a unas yardas de distancia, vuelven los gritos, están enfurecidos, deben haber visto la escabechina que hemos formado entre sus arqueros, que se jodan jajajajja, volvemos a entrar en carrera, intentamos girar al oeste, hacia nuestras líneas , pero surge de detrás de una colina un batallón nuevo de caballería enemiga, paramos en seco, les hacemos creer que nos han sorprendido, y empezamos una carrera frenética al lado contrario, de nuevo hacia el sur. Pasan varias horas de idas y venidas jugando al ratón y al gato, colinas arriba y abajo, las monturas empiezan a boquear, la cabalgada va llegando a su fin cerca de la linde de un bosquecillo no muy extenso pero sí espeso. Todos, tanto ellos como nosotros sabemos que no podemos seguir con los caballos. Entramos en el bosque, descabalgamos y seguimos a pie, introduciéndonos más en la espesura. Los Gholindiatas lo tienen claro, no van a dejar pasar la oportunidad de destrozarnos, y nos siguen, son muchos más, una proporción de 1 a 3, una locura enfrentarse directamente, o eso creen.

 

Llega el atardecer, todo ocurre despacio en la arboleda, ruidos por todas partes, unos, los que buscan, otros, los que huyen, y se abre un enorme claro en mitad del bosque, se nota una tensión exasperante. Son los Gholindiatas los que rompen el silencio que se ha producido y se precipitan hacia adelante con alaridos de guerra, hacia el otro lado del claro, también del frente surgen alaridos de combate, pero no son de la caballería arkónida perseguida, el VIII regimiento de Infantería de Linos de forma ordenada pero al trote se abalanza sobre los guerreros de Gholindia, la estupefacción de los enemigos afloran en sus caras.

 

El combate dura varias horas, cuando el sol apenas alumbra algunos rayos rojizos y la oscuridad poco a poco se hace patente, el desorden es total, los Gholindiatas huyeron por todo el bosque intentando salir de aquella trampa y regresar a la seguridad de Mestone.

 

No es una victoria clara o aplastante, pero si psicológicamente dura para nuestros enemigos, han pasado de cazadores a cazados en su propio territorio, y muchos cientos de hombres están desperdigados por la campiña alejados de la zona segura. La parte más positiva es que hemos conseguido quitarles una gran parte de sus caballos, fundamentales para ellos, y para mantener a raya un probable asedio arkónida con salidas regulares, eso, lo han perdido.

 

Volvemos al campamento base, todo está preparado para el combate final de mañana, nos han dado un merecido descanso a todos aquello que hemos participado en la estratagema. La moral está muy alta. mañana podría ser un gran día.

 

-Preludios III (Comienzo):

 

Incluso antes del amanecer el estruendo de las máquinas de guerra atronaban por los alrededores de Mestone. La mayoría de los Gholindiatas que habían salido a la caza de mis hombres el día anterior no habían vuelto tras la murallas de la ciudad. El miedo se sentía desde fuera. Los primeros rayos de luz sobresalieron de las colinas traseras de la urbe, y los asediados pudieron ver con todo su esplendor lo que había delante. El ejército de Arkón, las tropas bien apostadas habían avanzado sinuosamente durante la noche hasta colocarse donde el general Cártidas había ordenado. Los Onagros llevaban varias horas zumbando y lanzando proyectiles hacia las murallas y torres creando el pánico por doquier.

 

En un principio parecía ir todo a pedir de boca, los asediados habían perdido más de un 40% de los defensores, a su caballería en un 80%. Y en pocas horas conseguiríamos rodear la ciudad por completo. Mis hombres todavía estaban cansados por lo acontecido el día anterior, pero en éxtasis por haber hecho un buen trabajo. El cerco debía cerrarse antes del mediodía. Un mensaje del general me conminaba a coger mi batallón con los caballos de nuevo y seguir buscando supervivientes enemigos de la batalla del bosquecillo, no podíamos dejar cabos sueltos. si tomábamos Mestone en poco tiempo, sin dar tiempo a Gholindia a lanzar una contraofensiva, podríamos controlar el sur del reino.

 

-La Batalla de Mestone (La Grieta):

 

La caza de los restos de la caballería de Mestone se hizo tediosa, los que quedaban estaban bien escondidos y costaba encontrarlos, entre tanto cañaveral y zonas de cultivo. De vez en cuando encontrábamos alguno que apenas oponía resistencia y era abatido con facilidad de un lanzazo, llegando el sol a su punto más alto, y las noticias que nos llegaban del asedio no eran las mejores, la ciudad resistía con ferocidad, parecía que había más defensores de los calculados por nuestros espías.

 

Todos habíamos oído hablar del cuerpo de élite del ejército contrario, aquellos fundados según las leyendas, habladurías y demás, para salvaguardar al pueblo de Gholindia, Los caballeros del Fénix, guerreros de élite que habitualmente no confrontan en guerras si Merchadia, su capital, no estaba en peligro. Popularmente, entre los arkónidas,los denominamos con sorna los "Polli scottati", algo así como los pollos chamuscados. En el transcurso de la guerra no han sido vistos salvo escoltando a aquellos señores y generales de Gholindia en los momentos de parlamento. Así que encontrarme un grupo de tres a menos de 100 metros delante de mí y mis hombres, no pudo ser nada menos que un mal augurio. Algo no iba bien.

 

Y no hizo falta esperar mucho, detrás de ellos surgieron cientos de hombres, y detrás de estos, miles,portando estandartes, no me fué difícil reconocerlos, tropas de Eonia, Gkolehall y Sintra. Maldigo a los dioses de mil formas, y a Zephyros por no atender nuestras súplicas, ayer cayeron en nuestra encerrona, y hoy posiblemente caigamos en una trampa aún mayor, la noche a cubierto movimientos enemigos de envergadura. Ni decir tiene que vociferé una retirada y repliegue hacia nuestras posiciones, hay que avisar al general, una batalla como antes no se había visto estaba en sus prolegómenos.

 

Mi estupor no cabe en mi, el general ha caído en una de sus habituales crisis, el mando en ese momento está bajo uno de sus segundos, un noble de Vescomir que llama a repliegue y nos vamos retirando hacia el norte de la posición, vamos a perder toda nuestra ventaja táctica contra la ciudad sin ofrecer combate. Que Zephyros me lleve, habrá acto mas cobarde. Apesadumbrado, mis jinetes y yo ayudamos a los hombres mas retrasados para que no sean alcanzados por las cada vez mas cercanas tropas gholindiatas. A varias millas al norte de Mestone la situación se hace imposible, o nos enfrentamos o pereceremos bajo la avalancha enemiga. Veo a mi alrededor como los arkónidas tienen la cara desencajada, llevados por la furia de acto tan cobarde. Y estalla la chispa!!!

 

Hay cierta incertidumbre de quien fué el que gritó "Arkon non si piega" a viva voz e hizo despertar al viejo, se encontraba al lado de su segundo, y debió ser un despertar llevado por el mismo Zephyros, porque solo le costó una breve mirada a su alrededor para percatarse de lo que estaba aconteciendo. La reacción fue vertiginosa , el viejo sacó un puñal que llevaba en su costado derecho, y diligentemente, con un movimiento casi felino, le rebanó el pescuezo al infeliz, no le dió tiempo ni a pronunciar palabra, un breve gesto de llevar sus manos a la garganta, los ojos en blanco, y caer a plomo. Cártidas volvió a mirar a su alrededor, rojo de ira y volvió a gritar "Arkon non si piega, Morte a Gholindia, possa il Kraken portarci alla vittoria! ("Arkón no se agacha, Muerte a Gholindia, que el Kraken nos lleve a la victoria"). La reacción fue inmediata, miles de hombres volvieron sobre sus pasos, y llevados como un espíritu guerrero al unísono, vociferando cánticos de marcha hacia la muerte, se reorganizaron listos para entrar en batalla.

 

Canciones y odas, poemas y narraciones, miles de palabras escritas o recitadas brotaron tiempo después sobre la batalla que sucedió. Pero ninguna puede llegar a reflejar el momento vivido, por todos los que allí asistimos, da igual el bando, a las horas posteriores del grito de guerra lanzado por el viejo Cártidas, de cómo miles de almas enfrentadas lucharon entre ellos como si del fin de Aher se tratara.

 

Mis recuerdos se entrenublan, inmerso en el fragor de la batalla, vi como hombres caían extenuados por el cansancio más que por heridas recibidas, nadie cedía un palmo de terreno, y ceder se cobraba un alto precio. No era un dia caluroso precisamente, pero el sudor encharcaba el interior de mis botas, en alguna ocasión sentía que la empuñadura de mi espada se me escapaba de las manos, o se nublaba mi visión por las gotas que invadían mis ojos, pero no podía flaquear, un Dorenio no flaquea. Apareció de la nada, de una especie de vapor que brotaba de la tierra, creando una densa neblina que dificulta la visión a mas de 5 metros escasos, y fué una imagen que podría retratar la puesta en escena de un juglar de taberna ante la llegada de un demonio, de toda su indumentaria caían hilillos de sangre empapando sus botas, en su mano derecha una espada típica del ejercito gholindianta, con brillos escarlatas hasta la empuñadura, en su mano izquierda sujeto con fuerza de la cabellera, la cabeza de un desdichado con una expresión de terror en su cara que hacía temblar la cordura de hasta el más fuerte. Pero lo peor era la expresión de la cara del "Monstruo", los rasgos serenos, con una mueca casi sarcástica y de suficiencia, aunque sus ojos, inyectados en sangre, llevados como a una mezcla de locura y frenesí. Muchos de los compatriotas que me rodeaban no dudaron, sabían perfectamente quien era, y huyeron despavoridos. Pero mis pies seguían clavados en el suelo, observandole, y notando por todo mi cuerpo, como la adrenalina hacía su efecto, sintiendo una mezcla de miedo, ira, asco y cién sensaciones más, que confluyeron en el movimiento que siguió, abalanzarse hacia él. Creo que algo de sorpresa se pudo entrever en su rostro, no debía estar acostumbrado a que se enfrentaran con él. Pero en breve me demostró que era un avezado espadachín, me costó mucho conseguir aplacar mi ira y volver mi forma de combatir en movimientos más inteligentes y eficientes, aplicar todas las enseñanzas que mi amada madre me había enseñado desde la muerte de mi padre. Y el tiempo se paró, ya no existía nada ni nadie a mi alrededor, todo mi ser se centraba en conseguir parar sus embates, cabrón de mierda, es bueno, tengo que cambiar de estrategia o terminará provocando que cometa un error, que podría ser fatal. Por mi mente pasaban todas esas historias que iban contando sobre "El monstruo" y sus atrocidades, rozando casi la leyenda de esta guerra, y no, no era un ser de ultratumba, no tenía cuernos, ni garras, ni siquiera feroces colmillos con los que desgarrar a sus víctimas, era un puto gholindiata, media cabeza más bajo que yo, y yo con una cuarta de espalda mas que él, los genes bladios es lo que tienen. Pero endiabladamente ágil. Conseguimos mantener la distancia entre el uno y el otro, sin poder infligir ninguna herida de importancia y el tiempo pasaba, y el cansancio afloraba, tanto el uno como el otro sabíamos que no iba a ser fácil acabar con su adversario, y me estimulaba ver su cara de contrariedad ante tal hecho.

 

Pero como todo, la leyenda de aquel personaje no se fraguaba solo por sus acciones solitarias, como yo tenía claro incluso antes de enfrentarme a él, volví a la realidad, noté como a mi alrededor la batalla continuaba, pero alrededor de los dos solo había hombres de su estandarte, !porca miseria!!! han huido todos los míos? la neblina se ha disipado un poco, y veo como a unos 50 metros varios hombres con ballesta me están apuntando, escucho el crujir del disparador y el sonido característico del virote saliendo despedido, todavía algo de reflejos me quedan, y tuerzo el torso, lo suficiente para que el virote no se incruste en mi cuerpo, pero obviamente descubriendo mi defensa. El hijo de las mil perras se abalanza sobre mí con intención de estocarme en el pecho, no lo consigue por mi movimiento cuasi felino de supervivencia, pero siento abrasar mi cara, como mil cristales que se clavaran en el lado izquierdo de mi rostro, que casi me hace perder el conocimiento. Y lo mismo que me siento abandonado por un momento, también me llena de esperanza escuchar los gritos de guerra de un grupo de compatriotas con acento Mertense que apareció de detrás de una colina. Ha sorprendido a todos los que estamos allí, y el gholindiata es el que se vé ahora acorralado, consigo levantarme con un dolor de cabeza endiablado, mis sienes me golpean con una ferocidad atronadora, pero quiero matarlo, quiero acabar con esa asquerosa leyenda. Me abalanzo contra el de nuevo, lanzando estocadas cortas pero duras, que a él le cuesta ya parar, siento que empiezo a tener el combate a mi favor, lo noto en su mirada, su hora está llegando.

 

La tierra tiembla, al principio es como un suave bamboleo y un ligero ruido como en la lejanía, pero ese bamboleo no deja ya de ser molesto para poder rematar al cerdo, empieza a costarnos mantenernos en pie, y de repente el suelo se abre a nuestros pies, una fisura de un metro nos separa, es asequible con un salto, pero ambos estamos extenuados, la grieta empieza a engrandecerse, clavo mis espada en el suelo para que me sirva de apoyo, no puedo sostenerme apenas, él a cuatro patas en el suelo, vomitando. la distancia se hace insalvable, no me lo puedo creer, lo tenía, era mío. Busco entre mis ropas si la pistola sigue conmigo, si, lo está, pero descargada, mierda, no me sirve. Varios hombres llegan a mi posición gritándome, me agarran para sacarme de allí, pero no dejo de mirarle, se me escapa…

 

Creo que caí inconsciente poco después, y no sin muchas dificultades consiguieron sacarme de aquel lugar que se desmoronaba hasta crear una grieta de más de 80 metros de anchura y en algunos tramos ni se ve el fondo, las razones por las que se generó la grieta nos la conocí hasta tiempo después, ni las consecuencias que derivaron su aparición, el final de la guerra, la retirada a nuestras posiciones dentro ya de nuestro reino. Volvía la consciencia una semana después de la batalla , en un hospital de campaña cerca de la frontera. Me enviaron de vuelta a Linos a los pocos días, si bien para licenciarme y poder volver a Dorenia, no sin pasar antes por la isla de Fernos, donde me recomendaron pasar un tiempo de retiro para curar mejor la herida de mi cara, pero también la de mi alma, ya que durante mucho tiempo, no conseguí quitarme la visión de la cara de aquel bastardo!!

 

C. I de Dorenia, capitán 2º batallón 3er Regimiento de Infantería de Dorenia , en Fernos mes de Irmasus

Colaboran:
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