COMPAÑÍA DEL ACERO Y EL VAPOR

RASGOS GENERALES

Muchos afirman que Irmash transgredió numerosas leyes cósmicas cuando enseñó a los mortales a emplear la magia. Si esto es así, ¿qué significó que Jana forjara las primeras espadas de acero? ¿Qué significó que decidiera que el ingenio humano podía progresar más allá de los dogmatismos de los druidas? Aún hay muchos, en especial al oeste de las montañas, que consideran la tecnología un pecado contra la Madre Tierra.

Y, sin embargo, la Compañía crece. Cada luna se celebran nuevos beneficios, nuevos contratos, nuevas maravillas. Porque la ira de un dios muerto como la Madre Tierra no es nada en comparación con un hogar caldeado o la seguridad de viajar sin ser presa de algún monstruo. Los miembros de la Compañía, tan devotos de Jana como de sus bolsillos, siempre afirman que la suya es una labor sagrada, y sus riquezas son la justa recompensa.

UN POCO DE HISTORIA

La Compañía del Acero y el Vapor nació de la mano de lord Dorias Barbrow y su esposa, lady Serena Clark de Silverhorn, duques de Salonia. Esta pareja, famosa en toda Gholindia, siempre se codeó con artistas, inventores y genios de toda clase y condición. Salonia, de hecho, se convirtió en sinónimo de mecenazgo para muchos académicos, que comenzaron a llenar las calles del ducado y a buscar patrones que quisieran financiar una nueva era para Aher.

Los duques apenas daban abasto para construir nuevos liceos y talleres, y pronto, cuando los ingresos empezaron a escasear, propusieron su plan más osado: Salonia abanderaría una sociedad de gremios y fraternidades; todos tendrían voz y muchos tendrían voto. Todos gozarían de una amplia red de contactos y de la promesa de seguridad y dividendos.

El golpe de estado de lord Sirakio de Andor, tío del rey Bahadir, llegó cuando la Compañía del Acero y el Vapor empezaba a consolidarse en Salonia. Lord Dorias, veterano de la guerra contra Arkon, marchó a la batalla de parte del rey, y su esposa se quedó en casa supervisando las fundiciones, que fabricaban a marchas forzadas mosquetes, cañones y corazas de acero para los soldados.

Lord Dorias cayó en batalla como un héroe, y su esposa, apenada pero siempre en pos del sueño de ambos, pidió tan sólo una venia al lord Regente: una licencia real firmada y sellada por el Rey; algo que convertiría a la Compañía en el corazón económico e industrial de Gholindia.

ACTUALIDAD

Ahora, con lady Serena acompañando a su esposo en la sepultura, es lady Katherine Barbrow, la joven duquesa, quien preside la Compañía ocupando el sillón de sus padres. Gracias a la licencia real ha conseguido monopolizar las patentes, los derechos de explotación de materiales raros e incluso la producción de armamento para el Ejército Real. En pocas palabras, se ha asegurado de que cualquier negocio importante de Gholindia pase por sus manos.

Ha tenido éxito expandiéndose en Bladia (donde ha sido recibida con los brazos abiertos, pues todos saben que es una señal de Jana) y en Arkon (un reino que siempre abrazará el cambio y el progreso). Muchos artesanos bladios y arkónidas han entrado en la Compañía, entre los que destacan el feroz sacerdote Einar, que bendice las fraguas, y la brillante (aunque extraña) inventora Mara Lynx, un prodigio que varias facciones han intentado reclutar.

En los Reinos Libres, donde el culto a la Madre Tierra aún es fuerte, existen facciones interesadas en dejar entrar a la Compañía, pero, como todo en Klatia, no se resolverá sin alguna guerra intestina. Los Yermos Salvajes, como su propio nombre indica, están lejos de aceptar semejante insulto a la Madre Tierra, pero es posible que los ejércitos privados de la Compañía no les den a elegir. El paso del novísimo Ferrocarril por los territorios más allá de las montañas ya es una realidad, y estas tierras feudales deben elegir si abrazan el progreso (como parece que harán Baetonia y Halon) o se opondrán a él (como los dutharin de los Yermos).

Mil Almas, por su parte, siempre sigue designios extraños, y en esto no es una excepción. En vez de “suplicar”, los Maestros del Consulado comenzaron su propia carrera industrial secreta. Pocos saben lo que se fabrica en el Arsenal del Dragón, pero ya han sido avistados navíos flotantes que mezclan ciencia y magia en sus motores. Una competencia injusta, afirman los ingenieros de la Compañía.

Texto escrito por Willy Etxebarría.

Mara Lynx, Chaldeus Icewind de Dorenia, Lady Katherin Barbrow, Alash Tayir y Einar Blackwyrm.

Fotografía por Javier Rísquez.

Colaboran:
Mecenas Tercera edición:

Paco Moreno

Carlos Rodriguez

Diego Pastor

Eva Aelfeth

Miguel Martínez

Daniel Blanco

Yolanda Rodrigo

Sergio Rodil

Abraham Arana

Lola Villaverde

Javier Aroca

Javier Paredes

Iñigo López

Agustín González

Marcela Ocampo

Miguel López

Maëlys Ambos

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